Argentina: Un mes de calma atenta 01-09-2025
- 1 septiembre, 2025
- Posted by: gestor
- Category: Informe de Mercados
Agosto cerró con una foto que combina inflación más baja, dólar con vaivenes pero dentro de bandas, fuerte compra de divisas por parte de la gente, un sector energético en máximos de producción y un mercado financiero que corrigió fuerte. El escenario externo aporta luces y sombras: por un lado, el dólar global se debilitó por datos de empleo flojos en Estados Unidos; por el otro, los costos mayoristas allá siguen creciendo y dejan la puerta abierta a que la Reserva Federal no baje las tasas con la velocidad que el mercado imagina.
En Argentina, la inflación de julio fue de 1,9% y las estimaciones privadas indican que agosto rondará el 2%. Es una desaceleración marcada respecto de los niveles de hace un año y confirma que, al menos por ahora, el proceso de desinflación se sostiene. La explicación es múltiple. El Gobierno mantiene la promesa de déficit cero y emisión nula, lo que corta de raíz uno de los canales clásicos de inflación. La estabilidad del dólar oficial y la ausencia de devaluaciones bruscas hicieron que los comerciantes dejaran de remarcar de manera preventiva todas las semanas. Y, además, la expectativa social cambió: ya no se proyecta que cada mes será peor que el anterior, lo que permite cierta normalización de la formación de precios. Esto no significa que la inflación esté resuelta: alimentos, tarifas y combustibles siguen siendo rubros sensibles, donde cualquier movimiento de costos se traslada rápido a los precios. Pero el ritmo es otro, y eso ordena tanto la góndola como la discusión paritaria.
En el frente cambiario, el dato saliente de julio fue la magnitud de la compra de dólares por parte de individuos. Más de 1,3 millones de personas adquirieron USD 3.408 millones en billetes, y sumando todas las formas de dolarización (billetes + transferencias), la formación de activos externos de personas humanas alcanzó unos USD 5.800 millones. La demanda fue 50% mayor a la de junio. La explicación es clara: se reabrió un canal formal, simple y legal para comprar dólares vía bancos o fintech, y la memoria inflacionaria argentina sigue viendo a la divisa como refugio. A pesar de ese flujo, el tipo de cambio se movió dentro de las bandas previstas. El Banco Central ya anticipó que desde diciembre aplicará la Comunicación A8311, que obliga a los bancos a cumplir todos los días con límites estrictos en su posición de dólares. Esta medida busca reducir los “serruchos” intradiarios que generan miedo en la plaza cambiaria y dar mayor previsibilidad.
El balance cambiario de julio cerró con un superávit de USD 1.374 millones. El saldo positivo se explica porque las exportaciones cobradas treparon a USD 10.175 millones, frente a importaciones por USD 6.289 millones. Este flujo compensó los déficits en servicios (–USD 928 millones) y en renta primaria (–USD 1.595 millones, por pago de cupones de bonos Globales y Bonares). Con todo, la demanda de dólares de personas físicas restó de manera significativa. El Tesoro, por su parte, realizó algunas ventas de dólares desde su cuenta en el BCRA. Según fuentes oficiales, fueron montos menores y operaciones “intra sector público”, calzadas con futuras compras más grandes. Los depósitos en dólares del Tesoro en el BCRA se ubicaban en USD 1.671 millones al 27 de agosto.
El sector energético se consolidó como el motor real de la economía. En julio, la producción de petróleo alcanzó los 811.200 barriles diarios, el mayor nivel en 26 años. Vaca Muerta explicó más del 60% de ese total. Esta expansión fortalece la balanza comercial, reduce la necesidad de importar energía, genera empleo regional y aporta divisas genuinas. A mediano plazo, el petróleo y el gas se perfilan como los grandes amortiguadores de la volatilidad macroeconómica argentina.
En paralelo, el Banco Central endureció las reglas de juego financiero. Además de la mencionada A8311, en agosto avanzó con la Comunicación A8306, que elevó en 3,5 puntos los encajes bancarios y permitió cubrirlos con títulos del Tesoro suscriptos en licitación primaria con un plazo mínimo de 60 días. Esta medida, que parece técnica, tiene un objetivo claro: sostener la demanda en las licitaciones de deuda en pesos y disciplinar la liquidez del sistema. La traducción práctica es que al Tesoro se le hace más fácil renovar vencimientos y a los bancos se les acota el margen de especulación diaria en dólares.
Los mercados financieros no tuvieron un buen mes. El índice Merval cayó entre 14% y 15% en agosto, medido en pesos, en un contexto de toma de ganancias tras el rally anterior, balances corporativos mixtos y un clima político cargado de tensiones. Los bonos en pesos mostraron un comportamiento más sólido, sobre todo los que ajustan por inflación (CER) y la tasa fija de corto plazo, favorecidos por el esquema de encajes. Los bonos en dólares, en cambio, siguieron muy atados al humor externo.
El contexto internacional aportó señales mixtas. En Estados Unidos, el dato de empleo mostró debilidad y se revisaron a la baja los meses previos. Esto debilitó al dólar global y bajó el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años hasta la zona de 4,24%. El mercado ya descuenta al menos dos recortes de tasas en 2025. Sin embargo, el índice de precios al productor (PPI) sorprendió con un alza mensual de 0,9%, muy por encima de lo previsto, lo que encendió alertas sobre una inflación de costos persistente. Además, la disputa comercial con nuevos aranceles y un fallo judicial que declaró ilegales la mayoría de las tarifas globales aplicadas bajo la gestión Trump (aunque con efecto demorado) mantienen en vilo a los mercados.
En el frente político y social argentino, el ruido se mantuvo alto. Hubo discusiones en el Congreso sobre presupuesto universitario y ciencia, aumentos en hospitales emblemáticos como el Garrahan, conflictos sindicales y paritarias que buscan recomponerse en un contexto de inflación más baja. Estos temas alimentan la agenda pública y pueden mover el dólar financiero por unos días. Pero lo que realmente importa para la economía es si ese ruido se convierte en más gasto público, en cambios de reglas o en trabas a proyectos de inversión. Mientras eso no ocurra, el impacto es más de percepción que de fondo.
Escenarios para lo que viene
El escenario base, el más probable, es de continuidad de esta “calma atenta”. La inflación se mantendría en torno al 2% mensual, el dólar seguiría moviéndose dentro de las bandas gracias a las reglas cambiarias más estrictas y al superávit comercial, y los bonos en pesos mantendrían atractivo, sobre todo los de corto plazo y los ajustados por inflación. La actividad encontrará en el sector energético un sostén clave, mientras el consumo interno se moverá en meseta, con sectores más dinámicos (energía, agro, servicios) y otros más rezagados (textil, construcción). El ruido político seguirá alto en la previa electoral, pero no debería alterar la macro salvo que se traduzca en medidas de gasto o cambios regulatorios de peso.
El escenario optimista se daría si el Congreso refuerza la señal de disciplina fiscal, si se consolidan las reglas financieras del BCRA y si los datos de inflación en Estados Unidos acompañan la expectativa de recortes de tasas. En ese caso, bajaría el riesgo país, rebotarían bonos y acciones locales, y el crédito interno podría expandirse, dando algo de aire al consumo.
El escenario de estrés combina un shock externo y uno local. Afuera, podría ser un nuevo dato de inflación en EE. UU. por encima de lo esperado o la efectivización de aranceles que encarezcan importaciones y eleven costos. Localmente, podría ser una votación que implique más gasto o un conflicto sindical que frene sectores estratégicos. Si eso ocurre, el dólar financiero saltaría, se encarecerían los costos logísticos y los mercados se pondrían defensivos durante algunas semanas.
Conclusión
El mes de agosto dejó una economía más ordenada: inflación baja en términos argentinos, dólar sin saltos, superávit comercial sostenido y un sector energético en máximos de producción. El mercado financiero corrigió, pero los fundamentos muestran más consistencia que hace un año. El ruido político seguirá presente, como siempre en Argentina, pero lo que importa es si ese ruido se traduce en gasto adicional o en cambios de reglas. Mientras eso no ocurra, lo que tenemos por delante es un escenario de calma atenta: con riesgos que no desaparecen, pero con bases más sólidas para sostener la estabilidad en los próximos meses.